Rafael Sarmiento Morales

DEPORTISTAS OLÍMPICOS Y PARALÍMPICOS ANDALUCES

Rafael Sarmiento Morales
Paralímpico

Rafael
Sarmiento

Córdoba

Rafael Sarmiento Morales

23.06.1947

Alcolea (Córdoba)

2
Juegos ParalímpicosDeporteCategoríaPrueba
Resultado
1984 Nueva York (EE.UU.) / Stoke Mandeville (GBR)Powerlifting_BancaMasculina-82,5 kg
Sin marca
1992 Barcelona (España)Powerlifting_BancaMasculina-75 kg
Puesto 5


Biografía de Rafael Sarmiento Morales

Rafael Sarmiento Morales accedió al deporte, sin adjetivos, cuando el término adaptado aludía a otra cosa y el vocablo paralímpico ni estaba acuñado. Y lo hizo compartiendo carretera, pues le daba a los pedales, con los ciclistas “normales” pese a la importante minusvalía –como se decía entonces– de su pierna, consecuencia de la poliomielitis. Pero el ciclismo fue solo un entretenimiento de juventud pasajero, hasta que tomó contacto con aquella rareza que vino importada de Estados Unidos en los años setenta del siglo pasado y que, a través de Inglaterra, comenzó a practicarse en algunos gimnasios europeos. Gimnasios de antaño que nada tienen que ver con los de ahora.

La rareza se llamaba powerlifting o, traducido al español, levantamiento de potencia o simplemente potencia. Un deporte parecido a la halterofilia en el que prima la fuerza sobre la técnica y que en 1968 se erigió en deporte paralímpico en su especialidad específica de press de banca, aquella en la que las piernas no cuentan, solo la fuerza bruta de los pectorales, hombros y brazos. Actualmente, este término –powerlifting– ya no se emplea en la órbita paralímpica y sí el de halterofilia adaptada.

Este fue, por tanto, el deporte en el que Rafael Sarmiento, cuyos años de plenitud discurrieron sin la regulación y el reconocimiento hoy existentes y con falta o ausencia de competiciones en las que demostrar su capacidad, pudo al final, en su ocaso físico, hacerse su propio hueco en la historia de los Juegos Paralímpicos. ¿Qué no hubiera hecho el Zapaterito de Granada de haber competido en la actualidad?

Rafael Sarmiento vino al mundo el 23 de junio de 1947 en la localidad cordobesa de Alcolea, fecha que lo convierte en el paralímpico andaluz de mayor edad, el primero en haber nacido y el pionero con mayúsculas del deporte adaptado de Andalucía. Su vida no ha sido fácil. Hijo de Rafael y Lucía, cuando contaba con 14 años de edad salió, junto a sus padres, de su tierra natal en busca de las oportunidades que esta no podía ofrecer y se instaló en Granada, donde vivían unos tíos suyos.

A la muerte de su madre, la abuela de Rafael lo sacó de la escuela y lo puso a aprender su primer oficio, el de zapatero, al que siguió el de soldador y, más adelante, la llevanza de un bar que abrió en Granada. Posteriormente, a partir de 1986, fue vendedor del cupón de la ONCE, ocupación esta que le permitió compaginar como nunca trabajo y deporte.

Nuestro biografiado hizo sus primeros pinitos deportivos durante su juventud, en los años 60, cuando ya asentado en Granada se aficionó al ciclismo, disfrutando del gran ambiente pedalístico que siempre ha tenido esta ciudad. Pese a la discapacidad de su pierna –que hoy día está evaluada en el 55 %–, el bravo cordobés salía casi todos los fines de semana, subía a Sierra Nevada y completaba rutas de gran kilometraje por otras partes de Andalucía a buena velocidad, desoyendo los consejos de los médicos sobre la inconveniencia de montar en bicicleta a ese nivel dada su merma física.

No serían las advertencias de los galenos las que hicieron que Rafael abandonase el ciclismo sino la seducción que sintió por el levantamiento de peso a raíz de saber que los Juegos Internacionales de Stoke Mandeville de 1968 –a la sazón, los terceros Juegos Paralímpicos–, celebrados en Tel Aviv (Israel), incluían dicha disciplina deportiva –realmente se había estrenado en Tokio 1964 bajo el nombre de weightlifting. Tal fue el magnetismo y estímulo que sintió por este deporte que con 22 años comenzó a forjar su cuerpo para las cargas mediante largas sesiones de fortalecimiento muscular en el gimnasio, siendo parte del reducido grupo de nuevos adeptos que con tanto fervor seguía las novedades que procedían del otro lado del charco o allende los Pirineos, como la constitución de la Federación Internacional de Powerlifting (IPF) en 1972 o la disputa del primer Europeo en 1978.

Dentro de este incipiente movimiento, llegaron los primeros campeonatos nacionales en los que Rafael fue invitado a participar junto a deportistas sin discapacidad, obviamente en la especialidad de banca, logrando realizar en este período de su vida sus mejores marcas de siempre –levantó 210 kilos con 30 años–, “mucho mejores que las que conseguí en Barcelona. Lamentablemente, la estructuración del deporte adaptado en España llegó con estos Juegos y ya era tarde para mí”.

Otro de los recuerdos más latentes de Sarmiento de aquellos años setenta fue su viaje a la ciudad de Toronto en 1976 para competir en la Torontolympiad: “Por indicaciones federativas, siempre que por mi cuenta me desplazara a Toronto, me dejarían participar. Cuál fue mi sorpresa que, estando allí, me dijeron que la osadía la pagaría muy cara y no me dejaron competir”.

El debut del andaluz en los Juegos habría de esperar ocho años, a Nueva York 1984, certamen en el que el powerlifting entró en el programa paralímpico en sustitución del weightlifting –un mero cambio nominal–, con siete pruebas, todas masculinas, entre ellas la correspondiente a la categoría de menos de 75 kg, a la que pertenecía nuestro protagonista, cuyo relato de aquella experiencia hemos decidido reproducir íntegramente: “Estuvimos alojados en la Universidad de Hofstra –en Hempstead, estado de Nueva York– y recuerdo que llegué algo resentido físicamente. Salí de España sin haberme pesado y cuando hice el pesaje oficial antes de la competición di 77 kilos en la báscula, de modo que no pude competir en la categoría de -75 kg y tuve que entrar en la de -82,5 kg. Por tanto, ya empecé con cierta inferioridad respecto a mis rivales”.

“Pese a todo, unos días antes de la prueba, encontré un gimnasio donde entrenar y levanté 160 kilos sin problemas, haciendo dos repeticiones. El día de la competición decidí asegurar y empecé precisamente con dicho peso, 160 kilos, que levanté en el primer intento, pero los jueces lo dieron por nulo pues dijeron que había subido la barra con los brazos desnivelados –cuestión que se tiene en cuenta a la hora de otorgar validez a un intento. Al no haber ningún deportista esperando tras de mí, me vi obligado a efectuar los restantes dos intentos con un intervalo de tres minutos entre cada uno y, sin descanso y algo tenso por la situación, hice dos nuevos nulos”. De esta forma, Rafael Sarmiento se marchó de los Juegos en blanco, sin marca y sin clasificación. La categoría de -82,5 kg se saldó con la victoria del sueco Roland Isaksson (175 kilos), mientras que el resto del podio lo ocuparon el canadiense Al Slater (120) y el americano Tom Becke (95).

En los siguientes años, Rafael Sarmiento –ausente de Seúl 1988– siguió padeciendo las carencias de todo tipo del levantamiento de potencia para discapacitados en España hasta que la proximidad de los Juegos Paralímpicos de Barcelona 1992 propició que las autoridades nacionales apoyasen y dotasen de medios todas las manifestaciones deportivas que tuvieron cabida en el acontecimiento. Por tal motivo, muchos consideran que el 92 supuso el comienzo del levantamiento de peso adaptado en España, aunque, como el lector ya sabrá, nuestro personaje ya había iniciado el camino muchas temporadas atrás. Así, pese a la edad –45 años en 1992– y el agravamiento de sus problemas físicos, Rafael, inducido por su indestructible ilusión por participar en los Juegos de casa, se integró en aquel minoritario movimiento que el mismo año paralímpico concurrió al primer Campeonato de España de Halterofilia para Minusválidos Físicos, que sirvió de preselección para los Juegos.

De aquel primitivo campeonato, llevado a cabo en Alcobendas (Madrid) los días 24 y 25 de abril, emanó un improvisado equipo de tres levantadores –con diferencia, los mejores de la competición–, que apenas contaría con dirección técnica adecuada y que finalmente representaría a España en los Juegos. Lo compusieron el madrileño Miguel Carrero (en la categoría de 60 kg), el manchego Manuel Pérez (90 kg) y Rafael Sarmiento (75 kg). No obstante, hay que destacar que el andaluz participó en el Nacional en 82,5 kg, logrando el segundo y último día el récord de España de dicha división, con una marca de 150 kilos, y su primer título estatal.

Posteriormente, el 30 de mayo, tal equipo nacional fue llevado a una competición internacional en Mont-de-Marsan (Francia), donde el cordobés, ya en su peso ideal de 75 kg, estableció la plusmarca nacional de esta categoría, también con un levantamiento de 150 kilos, marca que le dio la medalla de plata en el torneo galo y que luego igualó en agosto en Barcelona, en un test previo a los Juegos.

En el marco de las Paralimpiadas, Sarmiento compitió el 4 de septiembre en 75 kg, prueba y peso que reunió a once concursantes. Venció el sueco Kristoffer Hulecki, con 187,5 kilos, seguido del belga Pierre Vanderheyden (182,5) y el egipcio Mossad Eleraki (180), en tanto que Sarmiento elevó 145 kilos y acabó en 5.ª posición –diploma–, clasificación que continúa siendo la más relevante obtenida por un levantador español en los Juegos Paralímpicos, igualada –que no superada– en 2012 y 2016 por Loida Zabala.

Tras la experiencia de los Juegos, el veterano levantador se mantendría en la primera escena nacional durante once temporadas más, de 1993 a 2003, cuando participó en su último Campeonato de España a la edad de 57 años. En tan extenso periplo, su palmarés (reconocido) tomó las hechuras que merecía obteniendo 8 medallas de oro (Marbella 1993, Madrid 1994 y Tomelloso 1995, en 82,5 kg; Oviedo 1997, Marbella 1998, Igualada 2001 y Valencia 2002, en 90 kg; y Rivas 1999, en 100 kg) y 2 medallas de plata (Valencia 2000, en 90 kg, y La Coruña 2003, en 100 kg).

En el capítulo de marcas, hay que destacar que a sus récords en 75 y 82,5 kg añadió en abril de 1997 la posesión de la plusmarca española de la categoría de 90 kg, cuando elevó durante un torneo en Marbella la barra con 150,5 kilos. En 100 kg, sin ser tope estatal, hizo marca personal (155 kilos) en el Campeonato de España de 1999 y en el certamen de su despedida (2003) aún demostró su potencia con un registro de 150 kilos.

A todo ello, el bravo halterófilo cordobés sumó la satisfacción de volver a ser internacional en tres grandes acontecimientos como fueron la primera edición del Campeonato del Mundo adaptado (World Powerlifting Championship for Disabled), celebrado en septiembre de 1994 en Uppsala (Suecia) –estuvo discreto, ya que acudió lesionado de un hombro debido a un accidente de moto–; la I Copa del Mundo de Powerlifting, que acogió Mont-de-Marsan en mayo de 1994 y donde el equipo español (Sarmiento, Miguel Carrero, Luis Goñi y el granadino Antonio Moreno) obtuvo la 15.ª plaza entre 17 naciones clasificadas; y el II Campeonato de Europa, Estrasburgo 1995, en el que obtuvo la 9.ª plaza, con una discreta levantada de 120 kilos. En todos, participando en la división de 82,5 kg.

El Zapaterito de Granada dejó de hacer pesas en torno a 2008, habiendo superado los 60 años de edad y después de haber sufrido una caída que le provocó una luxación de hombro. Este hecho motivó una especie de regreso al pasado, un desandar los pasos que llevó a Rafael a volver al ciclismo que había abandonado cuarenta años atrás, constituyendo las salidas de fines de semana con los amigos –en su entorno de Armilla y Granada– una de las ocupaciones actuales más placenteras de este precursor que siempre se ha resistido a dejar de hacer deporte.

Biografía cerrada a 31 de marzo de 2018 y extraída del libro 341 Historias de Grandeza, de los autores Pepe Díaz García y Jose Manuel Rodríguez Huertas