Pedro Casado Bolín

DEPORTISTAS OLÍMPICOS Y PARALÍMPICOS ANDALUCES

Pedro Casado Bolín
Olímpico

Pedro
Casado

Málaga

Pedro Casado Bolín

21.06.1936

Málaga

1
Juegos OlímpicosDeporteCategoríaPrueba
Resultado
1968 Ciudad de México (México)VelaMasculina


Biografía de Pedro Casado Bolín

Nacido el 21 de junio de 1936 en Málaga, Pedro Casado está considerado uno de los regatistas españoles más completos de los años 60 e indiscutible figura de la vela andaluza por razón de los méritos contraídos en su trayectoria deportiva, sensiblemente inferior en términos de duración a sus homólogos, pero trufada de éxitos tan sobresalientes como el triunfo en la Regata Preolímpica de 1967 en el campo náutico de Acapulco, el cual le otorgó el privilegio de convertirse un año después en deportista olímpico.

Hijo de Fernando Casado Jiménez y Marta Bolín Bidwell y tercero de dos hermanos –María Marta y Fernando nacieron antes que él–, Pedro ha vivido desde pequeño siempre en su querida Málaga o sus cercanías –residió varios años en Benalmádena– y en las aguas que besan sus playas conoció el deporte de la vela cuando tenía 20 años, encuentro fortuito este que sucedió cierto día del año 1956 cuando un amigo suyo, Pascual Bejarano, le invitó a participar a bordo de su balandro en una regata. Aquellas sensaciones, aquel viento en el rostro, esa libertad que se experimenta al deslizarse sobre las olas y el ambiente de la competición cautivaron a nuestro protagonista, quien a raíz de ese debut quiso revivir todo lo sentido y decidió iniciarse en el arte de la navegación en el Real Club Mediterráneo de Málaga –del que se hizo socio–, donde la referencia en el balandrismo era indiscutiblemente en ese momento Carlos Gómez Raggio.

En pocos años, Pedro Casado se convirtió en un digno sucesor de aquel, destilando en cada competición su olfato único para la navegación, su gran capacidad para leer tácticamente las regatas y especial temple en la competición, cualidades que le convirtieron en un patrón reconocido y admirado, calificado por algunos como el más talentoso de cuantos han surcado las aguas de Málaga.

Así, compatibilizando trabajo –empresario del sector del transporte de pasajeros– y entrenamiento, comenzó a construir un palmarés más que solvente en la clase snipe, división de la vela ligera en la que el Mediterráneo se ha distinguido durante toda su historia, siendo el club que más títulos de campeón de España atesora con diferencia, con un total de 26. Uno de ellos pertenece a Pedro Casado, el logrado en 1965 en Santa Cruz de Tenerife, con Rafael Estévez de tripulante y a bordo del Rocío IV, embarcación que formó parte de su saga de barcos homónima. Un año antes, el malagueño ya había conseguido –en el Rocío III– la medalla de plata en el Campeonato de España celebrado en Barcelona, con un proel que estaba destinado a grandes cosas, Félix Gancedo.

Tales éxitos en los nacionales no eran sino el reflejo del formidable nivel competitivo alcanzado por Pedro Casado, que le posibilitaba brillar en cualquier acontecimiento donde concurriese, destacando los casos de la Regata de Invierno –actual Trofeo SM el Rey–, competición exclusiva para snipe que organiza el RC Mediterráneo y cuya copa nuestro biografiado ha llevado a sus vitrinas en cuatro ocasiones, las dos primeras en 1961 y 1964, a bordo del Rocío II y Rocío III y con Félix Ruiz de Portal y Miguel Parra, como tripulantes, respectivamente. Asimismo, en 1965 se adjudicó –con Gancedo– la primera edición del Campeonato Ibérico de Snipe, la cual tuvo lugar en Blanes (Gerona), y en 1966 revalidó el entorchado en Cascaes (Portugal).

No obstante, el gran éxito de la singladura de Casado en snipe fue la consecución de la medalla de oro en los Juegos Mediterráneos de Nápoles 1963 formando equipo con Miguel Parra Campos, a bordo del La Quille II, y por delante, entre otros, de los binomios de Italia y Mónaco, que completaron el podio. Dicho triunfo, habida cuenta la transcendencia que en la época tenían para el modesto deporte español los éxitos en los Juegos Mediterráneos, le ocasionó gran popularidad y le colocó en el centro de atención de la vela española, promoviendo la petición de las autoridades deportivas de que se preparase las Olimpiadas dentro de una clase olímpica.

Tal invitación fue acogida con entusiasmo por el patrón malagueño y la Federación Española de Clubes Náuticos –anterior denominación de la actual Real Federación Española de Vela– lo incluyó en el exiguo grupo de seleccionados para seguir el plan de preparación específico de los Juegos Olímpicos de Tokio 1964, en el que se hallaban el vasco Olábarri (clase finn) y el también malagueño Gonzalo Fernández de Córdova, compañero del Mediterráneo y que competía en la división flying dutchman, la misma que eligió Pedro Casado para intentar el asalto olímpico en detrimento de otras como la dragón o la star.

Según las directrices federativas, la participación en aquellas Olimpiadas del 64 estaría condicionada a que los navegantes alcanzaran “actuaciones convincentes” en las pruebas internacionales previas a los Juegos, requisitos que solo debió reunir Olábarri, ya que fue el único en viajar a Japón.

No obstante, el momento culminante de Pedro Casado estaba por llegar en el siguiente ciclo olímpico, el de México 1968, en el que alcanzó el adecuado rodaje a bordo de un barco tan complejo, rápido, inestable y exigente técnicamente como el “holandés errante”. Aún en 1965 se dejó sentir en snipe con logros tan significativos como el 5.º puesto en el Campeonato del Mundo llevado a cabo en Las Palmas de Gran Canaria –con Gancedo de tripulante–, pero a partir de 1966 el objetivo de estar en los Juegos Olímpicos tornó prioritario y la especialización en flying dutchman fue absoluta. En tal propósito, Pedro tomó como proel a partir de ese año a otro socio del Mediterráneo, Antonio Rodríguez Sales, cuya excelente complexión –1,90 metros de estatura y 95 kilos de peso– resultaba idónea y más que necesaria para el puesto.

Así, la primera gran piedra de la “carrera olímpica” de Pedro Casado y Antonio Rodríguez fue el triunfo en el Campeonato de España de flying dutchman de 1966, disputado en el mes de julio en Barcelona, un nacional que tenía doble importancia ya que los seis primeros clasificados accedían de forma automática al equipo nacional que seguiría el plan de preparación olímpica confeccionado por la federación española. Como integrantes de dicho programa, los malagueños participaron esa misma temporada en el Campeonato de Europa de la clase organizado en Horten (Noruega), si bien su experiencia acabó siendo insatisfactoria al ocupar la última posición.

Al año siguiente, Casado no pudo defender su título estatal en los nacionales celebrados en Palamós (Gerona) y, en su ausencia, fue Gonzalo Fernández de Córdova el que se llevó la medalla de oro. Ambos patrones malagueños fueron los únicos designados por la federación española para representar a España en el Mundial de flying dutchman, en el mes de septiembre en el lago San Luis de Montreal (Canadá). Allí, tras un comienzo prometedor, el duque de Arión volvió a adelantar a Pedro –que participó con Pedro Arribere de proel– en su particular lucha por ser el mejor barco español. En tales circunstancias, aconteció la III Semana Preolímpica de México, una reunión polideportiva organizada en el país hispanoamericano con carácter anual, en las mismas sedes de los Juegos Olímpicos y con el objeto de preparar estos.

En el caso de la vela y el flying dutchman la competición se celebró en esta tercera y última edición del 16 al 21 de octubre de 1967 en las aguas de Acapulco. Para la ocasión, siendo el año previo de las Olimpiadas, no faltó ninguna de las figuras del momento –entre ellas, el campeón olímpico y el campeón mundial– y por primera vez acudían barcos españoles, en concreto el Malagueña III de Fernández de Córdova y el Rocío VII de Pedro Casado, con Antonio Rodríguez a su lado. El desenlace tras cinco regatas sin descartes, sobre el mismo recorrido olímpico y 33 balandros en liza, fue una sensacional victoria de Pedro Casado, contra todo pronóstico, adelantando a todos los ases mundiales y, por supuesto, al duque de Arión, que quedó en 13.ª posición.

Este triunfo gozó de un notable eco social en España y deparó para el patrón su elección como malagueño del año y la inclusión en la decena de optantes al premio de mejor deportista español de 1967, junto a figuras como Santana, Orantes, Pirri, Tarzán Sáez o Pedro Carrasco. Asimismo, el Ministerio de Marina le concedió la Cruz del Mérito Naval de primera clase, con distintivo blanco.

En clave olímpica, la victoria en Acapulco ocasionó que Pedro se colocase en primera línea de la pugna por obtener la representación española en flying dutchman en los Juegos de 1968, al nivel o incluso superando al duque de Arión, situación que, como anunciaba el presidente del Comité de Preparación Olímpica de la federación, Enrique Martorell, habría de “dirimirse en las regatas internacionales venideras”, aunque también en las nacionales. Esto es, un puñado de pruebas selectivas durante el año 1968 en las que, a excepción de la disputada en enero en Málaga dentro del Trofeo de Invierno –Casado y Rodríguez ganaron a placer–, Fernández de Córdova fue tomando ventaja en la particular clasificación de aspirantes, presentándose el 4 de agosto en el Campeonato de España en Arenys de Mar (Barcelona) con diez puntos de ventaja sobre Casado, luego de contabilizar la Semana de Kiel, en Alemania.

En el decisivo Nacional, el duque de Arión y Gancedo volvieron a imponer su buen momento de forma y, con cinco triunfos en las siete regatas programadas, se llevaron la medalla de oro y, fundamentalmente, el pasaporte olímpico en detrimento de Rafael Iturrioz (plata) y Pedro Casado (bronce), sin necesidad de disputar la prueba selectiva que restaba. Sin embargo, unos días más tarde, la federación concedió a Pedro Casado y su proel Antonio Rodríguez la posibilidad de acudir a las Olimpiadas en calidad de “suplentes para todas las categorías” en reconocimiento a sus antecedentes competitivos.

Así y luego de disputar a finales de agosto la regata definitiva de selección olímpica de la clase finn en Barcelona –“más como invitado que con un afán verdadero de aspirar al billete olímpico pues apenas había navegado en esa clase”–, Pedro Casado Bolín partió el 20 de septiembre rumbo a Ciudad de México dentro del equipo nacional de vela junto al jefe de equipo y entrenador, Ramón Balcells, y los otros nueve seleccionados, entre ellos su inseparable tripulante Antonio Rodríguez Sales. Una vez en Acapulco, ninguna de las cuatro tripulaciones titulares sufrió incidente alguno, de forma que Casado y Rodríguez nunca pudieron debutar efectivamente en los Juegos Olímpicos, aunque sí vivirlos en primera persona como olímpicos de pleno derecho.

Tras esta experiencia, nuestro biografiado regresó a la clase de sus comienzos, la snipe, en la que volvió a demostrar sus cualidades innatas para aliarse con el viento y planificar las regatas. Así, alcanzó una segunda medalla de plata en el Campeonato de España, quedando segundo en 1969 por detrás de Gancedo, que inauguraba su largo reinado en la división, y en la malagueña Regata de Invierno sumó dos nuevos triunfos –para un total de cuatro– a su palmarés. Primero, en 1969, a bordo de su Rocío VIII y con Antonio Rodríguez como tripulante, y posteriormente en 1971, como proel de Félix Gancedo en el Gran Numa, formando una simbólica tripulación ya que el maestro ayudaba por última vez al que había sido su discípulo.

Por distintas circunstancias, Pedro Casado dejó la vela en 1972, se centró en su faceta empresarial y concentró sus deseos deportivos en el golf, aunque desde una vertiente de ocio y entretenimiento, cuando no directiva, habiendo estado vinculado a la Federación Andaluza de Golf y al Real Club de Campo de Málaga.

Casado con Rocío Huelin Benítez, con la que tuvo cuatro hijos –Piero, Carlos, Jorge y Rocío– y de la que posteriormente se separó, Pedro Casado Bolín continúa viviendo en Málaga, siendo un navegante cuyo recuerdo permanece intacto en su ciudad.

Biografía cerrada a 31 de marzo de 2018 y extraída del libro 341 Historias de Grandeza, de los autores Pepe Díaz García y Jose Manuel Rodríguez Huertas