Francisco Jesús Martín Morillas

DEPORTISTAS OLÍMPICOS Y PARALÍMPICOS ANDALUCES

Francisco Jesús Martín Morillas
Olímpico

Paco
Martín

Granada

Francisco Jesús Martín Morillas

01.02.1955

Granada

1
Juegos OlímpicosDeporteCategoríaPrueba
Resultado
1976 Montreal (Canadá)AtletismoMasculinaSalto de altura
Puesto 28


Biografía de Francisco Jesús Martín Morillas

Cuando el 10 de febrero de 1976 Francisco Martín superó el listón a 2,21 metros de altura en la reunión atlética indoor de Milán, este joven de 21 años se convirtió automáticamente en una de las esperanzas para lograr en los inminentes Juegos la primera medalla olímpica del atletismo español. Motivos había para la ilusión, no en vano el récord nacional del granadino no andaba lejos del tope mundial (2,30) y, cuatro años antes, con dicha marca se había conquistado la medalla de bronce en Múnich.

Sin embargo, en el mayestático Estadio Olímpico de Montreal, la presión, la atención creada en torno al bueno de Paco y la responsabilidad otorgada fueron factores que jugaron en su contra y en la calificación del 30 de julio derribó en tres ocasiones el listón situado a unos asequibles 2 metros y 10 centímetros para decepción de quienes seguían desde España la transmisión televisiva, mayormente en blanco y negro. Con un discreto brinco de 2,05, el andaluz quedó situado en la 11.ª posición de la segunda serie de la calificación y en el 28.º puesto general, por tanto, fuera de una final en la que hubiera merecido estar por nivel y calidad y en la que, una vez más, el bronce se dilucidó a “sus” 2,21 metros y el oro –para el polaco Jacek Wszola– a 2,25.

Sin embargo, este hecho no debería ensombrecer el currículum deportivo de un atleta sobresaliente, tres veces campeón de España absoluto, plusmarquista nacional en seis ocasiones y cuya valía internacional le permitió disputar hasta tres campeonatos de Europa en pista cubierta en una época en la que, hay que recordar, no existían los mundiales y el salto de altura estaba en plena transición del rodillo ventral al estilo fosbury. Esta técnica –creada por el campeón olímpico de México 1968, Dick Fosbury– sería en la que el granadino se instruyó para alcanzar alturas que, quizás pensaran los entendidos, estaban alejadas de las atípicas condiciones físicas de un atleta excesivamente alto (1,83 m), pesado (79 kg) y musculado para esta prueba.

Paco Martín Morillas, junto con Dana Cervantes el único saltador andaluz olímpico, nació el 1 de febrero de 1955 en Granada, aunque no viviría en la capital nazarí hasta los 8 años, luego de una serie de cambios de residencia que llevaron a la familia a Venezuela (seis años) y Benalúa de Guadix (dos años). Instalado definitivamente en la capital granadina, estudió –al lado de su hermano Juan Manuel, un año mayor y más tarde mediofondista de nivel– en la Escolanía del Perpetuo Socorro, donde además ayudaba en misa, cantaba en el coro y jugaba al fútbol durante los recreos. También corrió detrás de un balón en la calle y en el descampado de la barriada de La Redonda, donde, en ausencia de un campo apropiado, se curtió en incontables partidillos durante años, cuando no en ligas escolares con su colegio.

No obstante, el futuro deportivo de Francisco no estaría en el balompié sino en el atletismo, disciplina en la que se inició con 14 años, cursando quinto de Bachillerato en el Colegio de los Hermanos Maristas de Granada, cuando su profesor de gimnasia, Jesús Samaniego, le obligó a participar en los Juegos Escolares para obtener algunos puntos para el equipo. Concretamente, nuestro protagonista fue inscrito en tetratlón, una combinada de velocidad (80 metros), salto (altura), lanzamiento (peso) y fondo (1.000 metros). Curiosa la elección por el acierto del docente, pues de Francisco Martín siempre se dijo que tenía cuerpo de decatleta más que de saltador de altura.

Aquella primera experiencia y los resultados no fueron malos y Paco se animó a entrenar en atletismo, pero de manera específica en altura, lo cual supuso un problema inmediato como fue su falta de adaptación a la técnica del rodillo ventral. Un inconveniente que superó casualmente cuando en el comienzo de una sesión de entrenamiento, preparando el talonamiento para ajustar la carrera de impulso, un error en los pasos le llevó al punto de batida con la pierna cambiada, si bien no se detuvo y, casi sin esfuerzo, pasó por encima del listón con un estilo medio lateral muy primario, pero mucho más fácil de ejecutar para el saltador granadino. De esta forma, descubrió el estilo fosbury, batió el récord de Granada e igualó el récord nacional infantil (1,70).

Ya en categoría juvenil, Paco recibió una beca en el Colegio Escolapios de Granada y emprendió una nueva etapa de entrenamientos con el técnico Gutiérrez y bajo la tutela del equipo del colegio y del Club Estadio de Granada. En tales condiciones, el 18 de julio de 1972 saltó en Oviedo 1,86 metros, la 39.ª marca del ranking nacional del año.

Un par de meses después, en el comienzo del curso 1972-1973 y gracias a una beca de estudios, marchó a Madrid para formarse como ingeniero industrial en el Instituto Católico de Artes e Industrias y, merced a otra beca de la federación española, ingresó en la Residencia Joaquín Blume para comenzar a entrenar a alto nivel junto al técnico Carlos Álvarez del Villar, aunque poco después pasó a las manos de Paco López.

En estas circunstancias, aunando su compromiso con el atletismo y los estudios, no siempre fácil, y con un esfuerzo digno de reseña, el granadino fue avanzando en ambos frentes en un primer año en Madrid que, en lo deportivo, se plasmó en pequeños éxitos como ser campeón de España escolar juvenil con sus compañeros de los Escolapios, superar los dos metros por primera vez (llegó a 2,03, siendo el 7.º del ranking nacional), auparse al 6.º puesto (2,00) en el Campeonato de España absoluto disputado en la Ciudad Universitaria de Barcelona –ganó Martín Perarnáu (2,15)– e integrarse en el equipo nacional júnior, debutando en el Triangular España-Italia-Francia celebrado en Mantua –Paco fue 5.º (2,00).

En 1974, con 19 años, continuó su etapa júnior siendo internacional por segunda y última vez –en el Triangular España-Portugal-Reino Unido (2.º con 2,06)– y proclamándose campeón nacional júnior en pista cubierta en La Coruña (2,00), aunque su presencia entre los absolutos fue ya más latente, como muestra su 7.ª plaza (1,95) en el Nacional en sala de Madrid y, sobre todo, la medalla de bronce (2,04) en el Nacional al aire libre, en el Estadio de Vallehermoso.

En 1975, ausente de la temporada en sala, obtuvo el segundo y último título júnior –al aire libre, en Zaragoza, con 2,12– y se convirtió por primera vez en campeón de España absoluto, batiendo con un salto de 2,14 a Martín Perarnáu, Gustavo Marqueta o Eduardo Pavía, los referentes nacionales del momento, en las pistas donostiarras de Anoeta. Asimismo, el 20 de julio de este año disfrutó de la primera de sus 12 internacionalidades absolutas (hasta 1980) durante el Bilateral España-Argelia, que ganó con 2,09.

De esta forma, el granadino afrontó su soberbio año de 1976, en el que antes de efectuar la ya citada participación en los Juegos Olímpicos hizo mucho y bueno. En pista cubierta, batió en dos ocasiones el récord de España: 2,19 (31-1-1976, Madrid) y 2,21 (10-2-1976, Milán), marca esta última que duró hasta el 13 de febrero de 1982, cuando Roberto Cabrejas saltó 2,22. Además, debutó en el Campeonato de Europa en Pista Cubierta, firmando en el Olimpiahalle de Múnich un notable 9.º puesto (2,13).

Ya al aire libre, también hizo suyo el récord nacional dos veces –2,18 (18-5-1976, Madrid) y 2,19 (5-7-1976, Madrid)–, si bien problemas de lesiones le mermaron en el Campeonato de España –en Vallehermoso solo pudo ganar la medalla de bronce (2,05)– y, muy posiblemente, en las Olimpiadas.

Paco Martín comenzó con mucha fuerza el nuevo ciclo olímpico, realizando una excelente campaña invernal en 1977 en la que consiguió su único entorchado nacional bajo techo –con 2,10 en San Sebastián– y su mejor resultado de siempre en campeonatos internacionales: 7.º (2,19) en el Campeonato de Europa en Pista Cubierta, en San Sebastián, a solo 3 centímetros de la medalla.

Una discretísima campaña de 1978 –compitió únicamente en sala– dio paso a la segunda gran temporada del andaluz, 1979, en la que cerró su palmarés de medallas de oro en el Campeonato de España absoluto con el tercer triunfo (2,09), esta vez al aire libre en el Estadio Joan Serrahima de Barcelona; participó en la Universiada de Ciudad de México, donde con un salto de 2,15 ocupó el 12.º lugar; y elevó el récord de España al aire libre primero a 2,20 y luego a 2,22, el 19 de septiembre en Madrid.

De esta forma, en la cúspide de su carrera –2,22 representa su marca personal– y con 25 años encaró el año olímpico de 1980, una temporada que, empero, supo a despedida, pues terminó su idilio con el Europeo en sala –17.º (2,15) en Sindelfingen (Alemania Federal)–, perdió a manos de Cabrejas el récord nacional al aire libre –el 23 de agosto, al saltar el burgalés 2,23– y, a pesar de haber hecho la mínima olímpica exigida –saltó 2,19 este año–, renunció a viajar a los Juegos de Moscú 1980, debido a su cansancio mental tras diez años de entrega al atletismo y, sobre todo, a la finalización de sus estudios, que le permitía comenzar la actividad profesional.

En efecto, justamente en 1980 empezó a trabajar como ingeniero en el campo de la energía, el medio ambiente y el desarrollo sostenible, lo cual supeditaba el atletismo a su profesión. Pese a ello, en 1981 aún le fue factible la compatibilización de ambas actividades –eso sí, renunciando al equipo nacional–, con dignos resultados competitivos como la medalla de bronce (2,12) obtenida en el Campeonato de España al aire libre, en Barcelona, o la 5.ª posición (2,13) en el ranking nacional del año.

Al término de ese ejercicio se retiró de las pistas y durante tres campañas se dedicó en exclusividad a su trabajo y a su familia: su mujer, Juana, y sus dos hijos, Violeta y Juan. En 1985 llevó a cabo un fugaz retorno, elevándose hasta 2,10 metros, que le otorgaron la 10.ª plaza en la tabla anual de registros en España. Esta vez sí fue el último año de un saltador que, a base de una técnica depurada y de un arqueamiento extremo sobre el listón –marca de la casa–, supo extralimitar como nadie sus capacidades físicas.

Tras muchos años en Madrid, Paco Martín Morillas regresó a Andalucía para trabajar en el campo de la investigación de las energías en la Plataforma Solar de Almería, en Tabernas, hasta su jubilación en 2019. Actualmente reside en Benalúa, el pueblo de sus abuelos, donde sigue ejercitándose en la bicicleta estática.

Biografía extraída del libro 341 Historias de Grandeza, de los autores Pepe Díaz García y José Manuel Rodríguez Huertas, y actualizada a 5 de noviembre de 2020