Antonio García Dorado

DEPORTISTAS OLÍMPICOS Y PARALÍMPICOS ANDALUCES

Antonio García Dorado
Paralímpico

Antonio
García

Cádiz

Antonio García Dorado

20.09.1963

Sanlúcar de Barrameda (Cádiz)

1
Juegos ParalímpicosDeporteCategoríaPrueba
Resultado
2000 Sídney (Australia)JudoMasculina-100 kg
Puesto 9


Biografía de Antonio García Dorado

Este yudoca gaditano tuvo una breve aunque intensa trayectoria deportiva en la que consiguió dos medallas continentales y cuyo momento culminante fue el concurso en los Juegos Paralímpicos de Sídney 2000, a la vuelta de los cuales optó por zanjar su dedicación al judo para poder atender sus negocios.

Antonio García Dorado nació el 20 de septiembre de 1963 en el municipio gaditano de Sanlúcar de Barrameda, donde ha desarrollado toda su vida. Sus padres, Juan Gabriel y Mari Ángeles, tuvieron nueve hijos –cuatro varones y cinco mujeres– y él fue el octavo de ellos. Estudió en el Colegio Guadalquivir y más tarde hizo cursos de Mecanografía y Administración por correspondencia, hasta que a los 14 años perdió la visión por completo y no pudo continuar con su formación académica.

Asiduo practicante de varios deportes, entre ellos el fútbol –llegó a militar en la cantera del Sanluqueño–, el balonmano, el baloncesto y el ciclismo, a raíz de contraer la discapacidad visual se terminó decantando por el judo, que conoció en el gimnasio del Club Deportivo Ippon Raúl Calvo de la mano de Pedro Isla, quien fue su primer entrenador. Más adelante le preparó Luis Arizón.

En 1989, nuestro protagonista se independizó y se consagró al sector de la restauración –tuvo hasta tres negocios en su localidad natal–, mientras que en el tatami andaba con paso firme aunque en un ámbito local. Fue a mediados de los noventa cuando Antonio, a través de una de sus hermanas que trabajaba en la ONCE de Sevilla, contactó con el seleccionador nacional, Vicente Arolas, quien no dudó en hacerle una prueba y menos aún en proponerle el ingreso en el equipo nacional en 1996, ante las cualidades que el gaditano exhibía.

Rápidamente y en poco tiempo empezó a conseguir resultados competitivos. Así, en 1997, obtuvo la medalla de bronce tanto en el Campeonato de España como en la Copa ONCE, así como podios en los torneos de Fuenlabrada, Valencia y Sevilla, lo que motivó su debut internacional oficial en el Campeonato de Europa de ese mismo año que se celebró en la localidad italiana de Città di Castello. Allí, el gaditano se colgó la medalla de bronce en la categoría de -95 kilos.

Aunque una lesión de rodilla le hizo perderse el Campeonato del Mundo de 1998 en Madrid –celebrados dentro de los Juegos Mundiales de la IBSA–, su efectiva recuperación le permitió acudir al Europeo de 1999, en Mittersill (Austria), donde logró la 5.ª plaza en -100 kg a título individual y colaboró a la medalla de oro conquistada por el equipo español masculino. Sin embargo, fue el 5.º puesto que firmó ese año en el torneo de clasificación paralímpica organizado en la localidad francesa de Déols lo que otorgó a Antonio el ansiado billete para competir en los Juegos de Sídney 2000. Quién lo hubiera solo cuatro años atrás.

Desafortunadamente, el yudoca andaluz no pudo expresarse a satisfacción en Australia. Una lesión en el cuello le obligó a actuar mermado en la división de hasta 100 kilogramos –clase B1 (ciego total)–, a la que comparecieron once luchadores. Exento de los octavos de final, debutó en cuartos y sucumbió por ippon ante el griego Theoklitos Parachristos. Pudo acceder, eso sí, a los cuartos de la repesca, si bien Antonio no pudo oponerse al liberiano Miloud Issa Abdurrahman debido al agravamiento de la lesión cervical.

Esa lesión, unida a que ya tenía entonces dos negocios abiertos y el trabajo le requería mayor dedicación, le empujó a abandonar el deporte adaptado al finalizar el año. En la actualidad continúa regentando la cafetería que abrió en el año 1993, en la que trabaja junto a Rosario, su esposa desde 1994 y con la que tiene dos hijas mellizas, Paula María y Celia María, nacidas en 1996.

Biografía cerrada a 31 de marzo de 2018 y extraída del libro 341 Historias de Grandeza, de los autores Pepe Díaz García y Jose Manuel Rodríguez Huertas