Antonio Delgado Palomo

DEPORTISTAS OLÍMPICOS Y PARALÍMPICOS ANDALUCES

Antonio Delgado Palomo
Paralímpico

Antonio
Delgado

Sevilla

Antonio Delgado Palomo

20.09.1957

Sevilla

1
Juegos ParalímpicosDeporteCategoríaPrueba
Resultado
1976 Toronto (Canadá)AtletismoMasculina100 m F
Medalla de oro
1976 Toronto (Canadá)AtletismoMasculinaSalto de longitud F
Medalla de oro


Biografía de Antonio Delgado Palomo

La significación de Antonio Delgado para el deporte adaptado en Andalucía es tan sobresaliente como las dos medallas de oro que logró en la quinta edición de los Juegos Paralímpicos de Verano, celebrados en 1976 en Toronto (Canadá), los primeros en los que participaron andaluces, ocho concretamente. Este atleta sevillano, apodado el Manco, fue uno de aquellos precursores y, a la sazón, el primer campeón paralímpico andaluz de la historia.

Antonio, nacido el 20 de septiembre de 1957 en Sevilla y que sufre amputación del brazo izquierdo por encima del codo, empezó seriamente en el atletismo a la edad de 14 años, en el año 1972, si bien antes había hecho deporte en su colegio, el Salesianos Santísima Trinidad ubicado en la ronda de María Auxiliadora de la capital hispalense. Aquel comienzo se debió a los consejos y estímulos que le dio un vecino suyo, un destacado lanzador de jabalina, Pedro Fernández, quien le introdujo en el ambiente atlético de la ciudad, que por esa época se concentraba en Chapina. En aquella mítica pista, nuestro jovencísimo protagonista encontró un segundo hogar y un entorno donde desarrollarse deportiva y personalmente.

De esta forma, Antonio formalizó su primera licencia federativa en 1973 y lo hizo como deportista de la sección atlética del Sevilla Fútbol Club –su club de toda la vida–, comenzando su camino preparatorio hacia los Juegos Paralímpicos de 1976, en los que iban a participar por primera vez los ciegos, deficientes visuales y amputados, luego de que las cuatro ediciones precedentes hubiesen estado restringidas a deportistas en silla de ruedas. Así, se culminaba una primera ampliación de las Paralimpiadas gracias al acuerdo alcanzado entre la ISMGF (International Stoke Mandeville Games Federation) –luego renombrada ISMWSF (International Stoke Mandeville Wheelchair Sports Federation)– y organizadora de los Juegos desde sus orígenes, y la más joven ISOD (International Sports Organisation for the Disabled), que en 1976 debutó como co-organizadora del acontecimiento paralímpico. Otro apunte conveniente para el lector es que el término Juegos Paralímpicos no se empezó a emplear hasta Barcelona 1992 y que los Juegos de 1976 recibieron la denominación oficial de Torontolympiad “Olympiad for the Physically Disabled”.

Bajo la supervisión de los técnicos del Sevilla FC, el adolescente Antonio Delgado ofreció en muy poco tiempo síntomas de su enorme calidad atlética cuando en 1974 se alzó con la medalla de plata en salto de longitud y 400 metros lisos en el Campeonato de España y fue seleccionado para representar por primera vez a España en los XXIII International Stoke Mandeville Games, competición anual que supuso el origen (1948) del Movimiento Paralímpico y que ese año de 1974 introdujo competiciones para amputados, de ahí que también se le denomine I Juegos Mundiales del ISOD. En la localidad inglesa, el sevillano conquistó tres medallas (plata en 100 metros y bronce en altura y pentatlón), demostrando que en aquel nuevo escenario se hallaba en la elite mundial.

No obstante, el billete para la Torontolimpiada se hizo esperar, como recuerda nuestro protagonista. “No pude ir a una prueba clasificatoria que se hizo en Madrid y ese año de 1976 el Campeonato de España se tuvo que retrasar –de hecho se hizo después de los Juegos–, así que para ir a Toronto se tuvieron en cuenta las marcas de la gente con más posibilidades, entre los que me encontraba. El seleccionador nacional, Jesús Maza, quiso verme en Sevilla para tomarme él mismo los tiempos, pero coincidió que tuve unas fiebres, estuve encamado y sin disposición para poder correr, así que esperó dos semanas y definitivamente me cronometró in situ y lo conseguí. Hubo una gran alegría en mi familia y mis amigos… Todos querían que trajera la medalla de oro”.

De esta forma, el andaluz Antonio Delgado, a punto de cumplir los 19 años, formó parte de la delegación enviada a Canadá por la Federación Española de Deportes para Minusválidos –por entonces aglutinaba todas las discapacidades– para competir del 3 al 11 de agosto en unos Juegos que reunieron a 42 países y 1.600 deportistas, entre ellos 261 amputados. España concluyó la competición en el 22.º puesto del medallero con 4 preseas de oros, 6 de plata y 2 de bronce (12 en total), significando que los triunfos llegaron en natación (2), a cargo del catalán Bertrand de Five y la castellanoleonesa Teresa Herreras, y en atletismo, ambos obra de nuestro biografiado, el primer doble campeón paralímpico del deporte nacional.

La primera medalla de oro –la segunda del equipo español– sucedió el domingo 8 de agosto, tres días después del título en natación de Bertrand de Five y en la final directa del salto de longitud. En el Centennial Park Stadium de Toronto y entre una nómina de 8 participantes de 5 países, Delgado efectuó el mejor salto con 5,82 metros y subió a lo más alto del podio por delante del israelí Nitzan Atzmon (5,41) y el también español José Santos (5,36).

Al día siguiente, en las series clasificatorias de los 100 metros lisos, el sevillano ya marcó el mejor tiempo (12.10) de los 12 participantes (10 países) y promocionó a la final del martes 10 de agosto, donde se impuso adelantando a su compatriota Santos (12.30) y el israelí Amran Cohen (12.40), que ocuparon las otras dos plazas del podio. “Hice la prueba lesionado del cuádriceps femoral. Había tenido que aplicarme una bolsa de hielo y vendas en el músculo, pero a la hora de la salida me quité las vendas. ‘Si me parto me parto entero’, me dije”.

La experiencia paralímpica resultó impactante para un joven español de los años 70. “Canadá era un país precioso, la ciudad encantadora y las instalaciones de una gran calidad, comparadas con las españolas. Recuerdo especialmente la visita a las cataratas del Niágara y la ceremonia de inauguración con el estadio lleno, así como la incertidumbre con la que íbamos. Había tan poca información del nivel que tenían los rivales que íbamos en ascuas, en la nube de la ilusión”. Luego, a su llegada a España, Antonio rememora con emoción la “maravillosa bienvenida en Sevilla” y los reconocimientos que recibió, la Insignia de Oro del Ayuntamiento y el saque de honor de la final del Trofeo Ciudad de Sevilla, entre los dos equipos de la urbe, entre otros.

Tras los Juegos, dada su juventud, continuó compitiendo. En 1977 se proclamó campeón de España de 100 metros y salto de longitud y en 1978 volvió a vestir la camiseta nacional en un acontecimiento de carácter universal, en el que desgraciadamente sufrió una grave lesión de los músculos semitendinoso y semimembranoso que le obligó a dejar la competición atlética para siempre con solo 21 años. No así el deporte, pues canalizó su vocación y pasión en otras disciplinas como el balonmano –campeón de España en 1981 con la selección de Sevilla– y, sobre todo, el baloncesto en silla, en el que jugó un importante papel en el desarrollo del sevillano CD ONCE.

Como jugador, conquistó con el también hispalense CD Virgen del Rocío la Copa del Rey de 1982, celebrada en Burgos, y, como técnico, dirigió al ONCE Sevilla durante nueve temporadas, desde la de su constitución (1988-1989) hasta mediados de la 1994-1995 y, luego, las campañas 1999-2000 y 2000-2001. En ellas, Antonio Delgado contribuyó desde el banquillo a la consolidación del conjunto en la elite nacional, debutando en Primera División en el curso 1990-1991 después de haber sido campeón de Tercera (1989) y Segunda (1990), y a la obtención de éxitos tan resonantes como tres títulos de Liga Nacional de BSR (1992, 1993 y 1994), el subcampeonato liguero de 2001, dos triunfos en la Copa del Rey (Valdepeñas 1992 y Badajoz 1994) y una segunda posición (Málaga 1993).

También en clave técnica, fue entrenador de atletismo y juez-árbitro durante muchos años, labores estas que, junto a las propias del baloncesto –fue nombrado seleccionador nacional femenino en la campaña 1988-1989–, consiguió compatibilizar con la profesión de profesor de Educación Física que ejerció gracias al acceso a la condición de funcionario de carrera del Cuerpo de Profesores Especiales de Institutos Técnicos de Enseñanzas Medias. Así, enseñó en varios centros de Sevilla, siendo el último de ellos el IES Julio Verne, que tuvo que abandonar en 2015.

Alejado de la plaza funcionarial desde entonces, Antonio Delgado, que en 2007 ingresó en la Real Orden del Mérito Deportivo en la categoría de medalla de bronce, ha vivido estos últimos años entre las localidades onubenses de Matalascañas y Mazagón, donde trabajaba en un hotel a la espera de obtener la jubilación. Sin embargo, a principios de 2020 le fue detectado un tumor en la garganta contra el que lucha en Sevilla, mientras recuerda aquellos comienzos del deporte adaptado en nuestro país, en los que tanto tuvo que ver.

Biografía extraída del libro 341 Historias de Grandeza, de los autores Pepe Díaz García y José Manuel Rodríguez Huertas, y actualizada a 8 de octubre de 2020