Ana María Rodríguez Molina

DEPORTISTAS OLÍMPICOS Y PARALÍMPICOS ANDALUCES

Ana María Rodríguez Molina
Granada

Ana María Rodríguez Molina

02.10.1962

Granada

1
Juegos OlímpicosDeporteCategoríaPrueba
Resultado
1980 Lake Placid (EE.UU.)Esquí alpinoFemeninaGigante
No terminó
1980 Lake Placid (EE.UU.)Esquí alpinoFemeninaEslalon
No terminó


Biografía de Ana María Rodríguez Molina

El relato olímpico del esquí alpino femenino español comenzó en 1936 con la simbólica participación en los Juegos de Garmisch de la catalana Margot Moles y la andaluza Ernestina Maenza. Aquella lejana efeméride no tuvo eco sino 24 años más tarde, cuando Marián Navarro, primera participante femenina en los Mundiales –Badgstein 1958–, recogió el testigo de las pioneras y en Squaw Valley 1960 defendió dignamente el pabellón español en las Olimpiadas Blancas. La siguiente en llegar sería Conchita Puig, olímpica en 1972 y autora del primer podio (3.ª) de una española en la Copa del Mundo, acontecimiento que tuvo lugar en el eslalon celebrado el 2 de febrero de 1973 en el pueblecito tirolés de Schruns.

Junto a Conchita brilló su hermana Montserrat, aunque no lo suficiente para que la federación la incluyese en la expedición a los Juegos de 1976, donde no hubo representantes españolas. Tuvo que llegar una nueva hornada al esquí alpino femenino español para que el contador de participaciones femeninas volviese a correr. Nuevos nombres como los de Marta de la Peña, Amaya Aznar o Cristina Tricas, si bien a Lake Placid 1980 concurrieron las tres más talentosas de aquella nueva generación, aún en edad juvenil: las madrileñas Araceli Velasco García (1963) y Blanca Fernández Ochoa (1964) y la granadina Ana María Rodríguez Molina.

Esta chica simpática y agradable nació el 2 de octubre de 1962 en Granada y se enamoró de la nieve, al igual que sus hermanos Fernando, Carlos y Nuria, por la pasión que sentía por ella y que supo transmitirles su padre, Fernando Rodríguez. Al principio, la nieve de Sierra Nevada –la conoció con 4 años– fue el escenario de la perfecta diversión: juegos y felicidad por deslizarse con un trineo, un saco o unas tablas. Medios, pocos, aunque suficientes para los comienzos y puestos a disposición por la organización sindical Educación y Descanso y la Sociedad Sierra Nevada.

Dentro de aquella infancia soñada por cualquier niño, en la nieve, Ana María tomó unas aptitudes sobre las tablas que su entrenador, su padre, vislumbró y quiso estimular, facilitándole la enseñanza de los principios técnicos fundamentales y haciendo un esfuerzo por que la progresión no se estancase en verano. Así, juntos desarrollaron un trabajo estival bajo la fórmula de «concentraciones en glaciares» –que no eran otros que los neveros que en Sierra Nevada sobreviven en el estío–, usando el «telecoche» –un Bordini que servía de remonte mecánico– y unas varas de ciruelos que preparaban a modo de «palos de competición» o puertas.

Este trabajo y dedicación ofreció en 1972 los primeros éxitos competitivos en forma de medalla de oro en eslalon y combinada en el Campeonato de España Alevín, lo cual le acarreó la selección para el novedoso programa de colegios-estudio de la Real Federación Española de Deportes de Invierno, cuyo objetivo era conseguir corredores infantiles y juveniles de alta competición favoreciendo la alternancia de estudios y entrenamientos mediante el internamiento en centros educativos concertados y cercanos a estaciones de esquí. El primero de tales centros fue el Colegio Juan March, ubicado en la localidad de Viella, en el Pirineo ilerdense. En él Ana María ingresó en el curso académico 1972-1973, con 11 años, misma edad con la que entró al año siguiente Blanca Fernández Ochoa.

En tales condiciones, la evolución de la granadina fue la mejor que se podía pedir en aquella época en España y ello quedó refrendado con sucesivos triunfos en los Nacionales por categorías de edad (alevín e infantil) de 1973 a 1976. Ello animó a los técnicos nacionales a que en la temporada 1976-1977, pese a sus escasos 14 años, nuestra protagonista materializase el salto a las competiciones absolutas. Así, en el Campeonato de España celebrado en 1977 en la estación de La Tuca, “la juvenil de 14 años y residente en el colegio Juan March de Viella” –como la nombró la crónica del Mundo Deportivo– debutó en la prueba de descenso con una digna 7.ª posición y, en la de gigante, conquistó su primera medalla estatal alzándose con el bronce por detrás de las hermanas Puig, Montserrat y Conchita. Para rematar el año, efectuó su primera incursión internacional, con una victoria en los Internacionales de Argentina.

Llegado a este punto, hay que indicar que la granadina, corredora menuda y de poco peso, más proclive por ello a pruebas técnicas, no hizo nunca renuncios a competir en descenso, a pesar de la clara inferioridad en la que le dejaban sus escasos 45 kilos con respecto a rivales más corpulentas.

Ello resultó palpable en el Campeonato del Mundo de 1978, celebrado en Garmisch-Partenkirchen (Alemania Federal) y donde la andaluza y sus compañeras del equipo nacional, Blanca Fernández Ochoa y Montse Puig, ocuparon los tres últimos puestos del descenso, el 53.º y penúltimo en el caso de Ana María, a 20 segundos de la campeona, la austríaca Annemarie Proell. Tras el debut del 1 de febrero, en el que “el público las animó de principio a fin en signo de simpatía por sus cortas edades explicadas por los micrófonos”, según las crónicas, la granadina no pudo completar el eslalon –cayó en la primera manga– y cerró su participación clasificándose 49.ª en gigante.

Días después del debut mundialista, Ana María asistió al Campeonato de España, en El Formigal (Huesca), donde ocupó la 4.ª plaza tanto en descenso como en eslalon, prueba esta en la que luego de una accidentada primera bajada, con dos serios enganchones, hubieron de convencerla para que realizase la segunda, con total fortuna ya que fue la segunda mejor de este tramo, lo que la llevó en la clasificación general por detrás de Montse Puig, De la Peña y Triscas.

En la campaña 1978-1979, nuestra biografiada dio un nuevo paso adelante ganando en el Nacional absoluto cuatro medallas: plata en eslalon –tras Cristina Triscas–, gigante y descenso –tras Araceli Velasco– y medalla de oro –primer título– en combinada. Además, en Tignes (Francia), se impuso en una de las pruebas del Grand Prix Interclub y participó en el circuito de la Copa de Europa, avales todo ellos para que fuese incluida en la selección definitiva del equipo olímpico nacional de esquí alpino de cara a Lake Placid 1980, junto a Blanca y Araceli Velasco, quien, inscrita en gigante, finamente no llegó a competir.

En el caso de Ana María, de 17 años, su participación en la Olimpiada blanca fue doble aunque se saldó sin clasificación, toda vez que en la sede de Whiteface Mountain fue una de las siete corredoras que no logró terminar la primera manga del gigante –20 de febrero– y una de las veintidós que, tres días más tarde, hizo lo propio en el primer sector del eslalon, en ambos casos por caída.

Pese a todo, esta experiencia olímpica fue inolvidable para Ana María, quien nunca olvidará su residencia en la Villa Olímpica: «Era una prisión para presos políticos, en la que tenía que pasar por muchas puertas pequeñas y tenía un servicio de policía como en las películas». Curiosidad de la época era que los Juegos Olímpicos contaban como campeonato del mundo,
A su regreso a España, en marzo de 1980, volvió a subir al podio de los nacionales para recoger la medalla de bronce del descenso y la medalla de plata del gigante, ambos ganados por Blanca Fernández Ochoa, que ya se había convertido en la referencia nacional del esquí alpino.

Nuestra biografiada continuaría en el equipo nacional dos temporadas más a las órdenes del técnico responsable, el ex corredor Jaime Ros. En la 1980-1981 se proclamaría subcampeona de España de eslalon –por detrás de Blanca– y de gigante –tras Velasco– en Baqueira Beret, donde la condiciones atmosféricas impidieron la realización del descenso.

En el curso 1981-1982, luego de comenzar en diciembre la temporada de la Copa del Mundo en Val d’Isère (Francia), participó en su tercer Campeonato del Mundo, Schladming 1982, en Austria, aunque no pudo concluir ni el gigante (cayó en la primera manga) ni el eslalon (cayó en la segunda). Ya en España, completó en El Formigal el Campeonato de España más exitoso de su carrera deportiva: medalla de bronce en descenso –por detrás de Blanca y Velasco–, medalla de plata en gigante –venció Blanca–, por fin medalla de oro en eslalon y medalla de oro en combinada, para un total de tres coronas nacionales absolutas. En el mes de abril de 1982, cerró el año logrando la 2.ª posición general en el VIII Trofeo Nescafé en Sierra Nevada, tras Blanca Fernández Ochoa.

De cara a la siguiente campaña, Ana María abandonó el equipo español sobre todo por el accidente que sufrió su padre. Sin apenas haber competido en España durante ese invierno, quiso despedirse en el Campeonato de España celebrado en marzo de 1983 en Baqueira Beret (Lérida), si bien la falta de rodaje se hizo patente y no resultó el adiós que la campeona andaluza hubiera merecido a tenor de su caída en el eslalon y la descalificación –terminó 6.ª– en gigante. Con solo 20 años colgaba los esquíes.

A su retirada, Ana María estudió Enfermería, contrajo matrimonio, tuvo hijos y se marchó a vivir a Escocia, donde trabajó en un hospital, sin olvidar su tierra y la llamada de la montaña, la cual ha atendido en su escaso tiempo libre para colaborar con el Cairngorm Ski Club, en la estación de CairnGorm Mountain, en la captación y seguimiento de sus grupos infantiles, cuando no para recorrer en bicicleta de montaña los bellos parajes de las Highlands.

Biografía cerrada a 31 de marzo de 2018 y extraída del libro 341 Historias de Grandeza, de los autores Pepe Díaz García y Jose Manuel Rodríguez Huertas