Claudio
Castilla
Claudio Alejandro Castilla Ruiz
30.05.1983
Jerez de la Frontera (Cádiz)
| Juegos Olímpicos | Deporte | Categoría | Prueba | Resultado |
|---|---|---|---|---|
| 2016 Río de Janeiro (Brasil) | Hípica_Doma clásica | Mixta | Individual |
Puesto 38
|
| 2016 Río de Janeiro (Brasil) | Hípica_Doma clásica | Mixta | Equipos |
Puesto 7
|
| 2024 París (Francia) | Hípica_Doma clásica | Mixta | Individual |
Puesto 36
|
| 2024 París (Francia) | Hípica_Doma clásica | Mixta | Equipos |
Puesto 13
|
Biografía de Claudio Alejandro Castilla Ruiz
Este jinete gaditano es una de las grandes referencias de la doma clásica española en lo que va de siglo, como atestiguan sus dos participaciones olímpicas, en Río 2016 y París 2024, que bien podrían ser cuatro si la diosa fortuna no hubiera impedido a última hora su concurso tanto en Londres 2012 como en Tokio 2020. Su relación con los Juegos es, desde luego, cualquier cosa menos convencional, llena de sorpresas e imprevistos tanto para lo bueno como para lo malo.
Nació el 30 de mayo de 1983 en Jerez de la Frontera (Cádiz) en el seno de una familia –sus padres, Claudio y María Auxiliadora, y sus hermanas Patricia y Beatriz– sin ninguna relación con el mundo ecuestre, lo cual no fue obstáculo para que el pequeño Claudio quedase prendado de ese ambiente desde que con 5 años recién cumplidos montara por primera vez a caballo en el Club Hípico Chapín, el entorno en el que desarrolló –con carácter lúdico– su incipiente afición.
Pese a poseer aptitudes para el fútbol, las cuales mostró en su periplo en la escuela municipal del FC Alternativa de Jerez, ya en la adolescencia nuestro biografiado guio sus pasos de forma decidida hacia la hípica, siendo su primer maestro el gran medallista olímpico en doma clásica Ignacio Rambla. Con él empezó a montar en serio a partir de los 15-16 años de edad en el club donde su paisano tenía los caballos y al que el joven Claudio se acercaba todas las tardes con todo el entusiasmo del mundo, ayudando a su pedagogo en todo lo que estaba en su mano. No obstante, cabe matizar que los comienzos de Castilla en el rendimiento fueron en la especialidad de saltos, llegando a participar en diversos concursos de carácter autonómico.
Bajo la tutela del afable Rambla, nuestro protagonista maduró y adquirió sus primeras experiencias en un acercamiento paulatino a la doma que se intensificó cuando, por la intermediación de dos profesores de la Real Escuela Andaluza de Arte Ecuestre, Juan Rubio y José Molina, Claudio, con 17 años, ingresó en dicho centro. Allí permaneció durante cuatro temporadas que él recuerda con agrado y fascinación, pues le permitieron entrar en contacto con todos los oficios del caballo y aprender desde la base. Pero fundamentalmente sirvieron para que el futuro olímpico se comprometiese de forma absoluta con la doma clásica.
Tras este aprendizaje y, por motivos familiares, se instaló en la zona centro de España, donde las inquietudes del jerezano encontraron rápidamente espacios para desarrollarse, aunque siempre dirigido desde la distancia por Rambla. Primero se perfeccionó en la Fundación Escuela de Equitación de Madrid, en San Lorenzo del Escorial, durante temporada y media; posteriormente trabajó durante un año en la Yeguada Los Amadores, en las afueras de la misma localidad; y luego se mudó a Toledo, donde residió un tiempo hasta que se instaló en Pozuelo de Alarcón (Madrid), donde estuvo trabajando en el Club Hípico de Somosaguas como entrenador y preparador de caballos; hasta que a finales de 2024 se estableció en la finca Campillo de Yegua, ubicada entre los municipios de Villalba, Guadarrama y El Escorial y donde posee sus propias cuadras.
En tierras castellanas, nuestro protagonista conoció a otra persona que sería muy importante en su vida, Manuel Vidrié, rejoneador y afamado ganadero de caballos con un gran historial de equinos para el ruedo. Vidrié cedió al jerezano un potro lusitano de 4 años con poca actitud ante el toro y Castilla lo acogió con ilusión, pues, como él mismo recuerda, “tenía algo, había algo en su mirada que me convenció para empezar a entrenarlo”. Ese potro era Jade de MV.
Desde ese momento, el imberbe binomio formado por Castilla y Jade emprendió un crecimiento mutuo y enriquecedor para ambos que les llevó a superarse y convertirse en una pareja competitiva que obtuvo el primer resultado significativo en el Campeonato de España de Doma de 2006, celebrado en Oviedo: medalla de plata en Critérium –para caballos jóvenes. Por entonces, Castilla pertenecía a la Escuela de Equitación de Madrid, aunque, insistimos, seguía siendo entrenado por Ignacio Rambla. Al año siguiente, febrero de 2007, el binomio debutó internacionalmente en el Circuito del Sol de Vejer de la Frontera (Cádiz), aunque tanto esta campaña como la de 2008 fueron de baja actividad deportiva pues la maduración estaba siendo pausada.
Fue la temporada de 2009 aquella en la que realmente Claudio Castilla se presentó como un competidor de nivel a lomos de un Jade de MV más hecho, ya con 9 años. Partiendo del Circuito del Sol en marzo, el dúo no paró de competir dejando muestras de calidad en los concursos de Saumur (Francia) –primera cita internacional fuera de España–, Lingen (Alemania), Vierzon (Francia), Pompadour (Francia) y Hansbeke (Bélgica), lo que le granjeó a Claudio la atención del seleccionador español de doma, Jan Bemelmans, quien apostó por la joven y talentosa pareja para el Campeonato de Europa de ese año, en Windsor (Reino Unido).
En el debut con el equipo nacional, Castilla y Jade acabaron 35.º en la clasificación individual y 7.º por equipos, posiciones que mejorarían al año siguiente (2010) nada más y nada menos que en los Juegos Ecuestres Mundiales de Lexington (Kentucky): 34.º individual y 6.º por equipos, siendo de nuevo el jinete más joven del equipo español. Buenas clasificaciones que serían refrendadas en 2011 en el Europeo de Róterdam (Holanda), donde Castilla concluyó en 37.ª posición individual y 5.º por equipos, puesto que daba al cuarteto español el billete para los Juegos Olímpicos de Londres 2012.
Alegría e ilusión por el gran éxito conseguido que tornaron en tristeza y abatimiento cuando apenas un mes después de regresar de Holanda, el 24 de septiembre, Jade de MV, el magnífico semental de Castilla, murió en Jerez víctima de un cólico, con 12 años de edad. Por tanto, además del golpe anímico por la pérdida del animal, después de 8 años plenos de vivencias, Castilla, sin montura, perdía toda opción de estar en los Juegos después de haber sido una pieza fija en el equipo nacional en los tres últimos grandes campeonatos.
A esta circunstancia sucedieron 17 meses en los que Castilla estuvo alejado de la competición, una etapa de ausencia de los cuadrilongos que clausuró en febrero de 2013 en Vejer de la Frontera para empezar su particular recuperación técnica y moral, que llevará a cabo sobre varios caballos, fundamentalmente el brasileño Unicórnio do Retiro y, sobre todo, Alcaide, un semental castaño nacido en 2005 con el que debutó en competición en 2013 en Madrid y con el que obtuvo en el prestigioso Concurso Internacional de Aquisgrán de julio de 2016 tan buenas calificaciones que, sin haber estado en ninguno de los grandes campeonatos del ciclo olímpico, fue designado para el equipo olímpico español de Río de Janeiro 2016 en detrimento de otros aspirantes, como el también gaditano José Antonio García Mena, uno de los artífices de la obtención de la plaza olímpica por conjuntos el año anterior en el Europeo.
Así, entrenado desde principio de la campaña de 2016 por el alemán Ton de Ridder y con cuatro años de retraso, Claudio Castilla debutó el 10 de agosto en unos Juegos Olímpicos, obteniendo la recompensa a tantos años de trabajo. A lomos de Alcaide, su actuación recibió una nota de 69.814 que le clasificó en la 38.ª posición individual al término del Grand Prix (entre 59 jinetes clasificados), cerca del acceso al Grand Prix Special, reservado a los 30 mejores, y que contribuyó con la tercera mejor nota del equipo a la 7.ª plaza colectiva –entre 11 naciones-, logrando junto a los también andaluces Severo Jurado y Daniel Martín y la catalana Beatriz Ferrer-Salat, con un total de 74.029 –a 0.247 de Dinamarca (6.ª), que pasó a la final– un brillante diploma olímpico.
Cargado de las sensaciones positivas que supuso la experiencia olímpica, en 2017 el jerezano se mostró más consolidado a lomos de Alcaide y no faltó a los dos grandes compromisos del equipo nacional: la Copa de las Naciones del CDIO de Aquisgrán, donde obtuvo el 5.º puesto en la Copa de las Naciones y una fantástica 8.ª posición individual en la kür de esta prueba, y el Campeonato de Europa de Gotemburgo, que acabó en el 28.º lugar individual y el 7.º colectivo.
Un año después, y siempre con Alcaide, repitió el 5.º puesto colectivo en la Copa de las Naciones de Aquisgrán y se clasificó 13.º (y 6.º por equipos) en los Juegos Ecuestres Mundiales de Tryon, en Carolina del Norte. Ya en 2019, bajó algo sus prestaciones en Aquisgrán, 7.º por equipos y 10.º individual, y fue 12.º en el Campeonato de Europa en Róterdam, además de 6.º por equipos. Además, con el equino Ícaro, logró una excelente 5.ª plaza en el CDI de cinco estrellas de Doha.
Todo estaba encaminado a su segunda participación en unos Juegos Olímpicos en Tokio 2020, y más cuando en febrero de 2021 logró una notable novena plaza en el cinco estrellas de Doha, esta vez con Fogo de Lyw. Sin embargo, la mala suerte se le cruzó de nuevo en el camino al jerezano, que tuvo que renunciar a última hora a la cita japonesa por problemas físicos de su caballo Alcaide.
Pero el jinete andaluz no se desanimó y siguió a lo suyo, que vive con pasión. Antes de concluir 2021 fue medalla de oro en la Copa del Rey con Ébano, y un año después con Jota das Figueiras en el Campeonato de España para caballos jóvenes. Ambos años, además, se clasificó 12.º en la prueba de la Copa del Mundo de Madrid, con el citado Ébano y con Lario de Adama de Susa, respectivamente. Ya en agosto de 2023 acudió al Campeonato del Mundo para jóvenes caballos en Ermelo (Países Bajos), donde se clasificó 30.º y 17.º a lomos del siete años Zeo de Jocha y un año después casi calcó su actuación en el mismo escenario solo que fue 31.º y 24.º sobre Azibo de Moran y 31.º y 21.º sobre el cinco años Pendragon Tineo, en todos los casos sin alcanzar la ronda final.
Antes de ello, esta vez sí, acudió y compitió en sus segundos Juegos, en París 2024. Aunque de nuevo su concurso estuvo en el aire hasta el último momento, solo que en esta ocasión le sonrió la suerte, ya que iba como reserva pero tuvo que saltar a los jardines del Palacio de Versalles ante la baja del binomio formado por el malagueño Daniel Martín y su caballo Malagueño LXXXIII, con dolencias en el cuello de las que no se recuperó a tiempo.
Así, Castilla entró en liza el 30 de julio, primer día del Grand Prix, dentro del grupo C y montando a Hi-Rico do Sobral. El jerezano y su equino realizaron un buen ejercicio, con música de la Real Escuela de Arte Ecuestre de Jerez, de la que Claudio fue jinete. Correcto en las distintas transiciones, con los trancos bastante regulares, aunque algo tenso el caballo por momentos, lograron una puntuación de 69.829, sexta de su lote y lejos del acceso a la final individual, reservada a los dos mejores de cada grupo y las seis mejores puntuaciones restantes. De hecho, su clasificación final fue 36.º.
Ello, sumado a las puntuaciones de los otros dos españoles, Juan Antonio Jiménez con Euclides Mor y Borja Carrascosa con Frizantino FRH, otorgó al equipo nacional el puesto 13.º, por tanto, sin opciones de acudir a la final por equipos o Grand Prix Special, para los diez mejores de la primera ronda.
Desde entonces, el jerezano ha seguido compitiendo con frecuencia en la elite: todavía en las postrimerías de 2024 fue 4.º en la kür de la Copa del Mundo en Budapest, a lomos de Jota das Figueiras, y 9.º en la de Madrid, sobre Lario de Adama de Susa; ya en 2025, ha logrado la 10.ª plaza en el cinco estrellas de la Copa de las Naciones en Compiégne (Francia) y la 24.ª en el mismo certamen en Aquisgrán, en ambos casos con el mismo caballo que tuvo en París. Ya en agosto, y compitiendo bajo la raza de caballo lusitano, acudió al Campeonato del Mundo de jóvenes caballos celebrado esta vez en Verden (Alemania), donde compitió con tres équidos –el cinco años Queluz de Figueiras, el seis años Pastor de Figueiras y el siete años Odin Comando– aunque de nuevo sin pasar del test preliminar: puestos 33.º y 23.º, 25.º y 21.º y 35.º y 20.º, respectivamente.
Actualmente, Claudio Castilla mantiene su centro de operaciones en la sierra madrileña, donde prepara futuros retos en los que saciar su ansia competitiva, y conserva las ganas por aprender y mejorar, de ahí sus largas estancias en los centros neurálgicos del deporte de la doma, Alemania y Holanda. Apasionado del caballo ibérico, Claudio convive y trabaja estrechamente con su pareja y madre de sus dos hijos –Isabel y Alejandro–, Isabel Vidrié, en la que tiene una gran compañera en la preparación de los caballos, la gestión de la cuadra y los viajes y demás necesidades de un equipo profesional de doma. Y en sus escasos momentos libres practica otros deportes, tales son el snowboard y el pádel.
Biografía extraída del libro 341 Historias de Grandeza, de los autores Pepe Díaz García y José Manuel Rodríguez Huertas, y actualizada a 31 de diciembre de 2025